Respuestas claras a lo que los pacientes me preguntan en consulta, organizadas por tema.
Opero en
El síntoma clásico es ardor o dolor en la boca del estómago (la zona alta y central del abdomen, justo debajo de las costillas). Puede acompañarse de náusea, sensación de llenarte muy rápido, eructos e inflamación después de comer.
Ojo: otros padecimientos se sienten muy parecido, como las piedras en la vesícula o el reflujo, y se tratan completamente diferente. Por eso el diagnóstico importa más que la pastilla.
La gastritis sí se cura cuando se identifica y se trata su causa: una bacteria (Helicobacter pylori), el uso frecuente de antiinflamatorios, el alcohol o el estrés sostenido.
Incluso la gastritis crónica (la que lleva meses o años) mejora cuando se ataca la causa y no solo el síntoma. Lo que no funciona es tomar protectores de estómago por años sin saber qué la está causando.
Es el nombre coloquial de la gastritis que se dispara o empeora con el estrés y la ansiedad. El estrés aumenta la producción de ácido y altera el movimiento del estómago, y eso inflama la mucosa.
El manejo combina el control del ácido, cambios de hábitos y trabajar el factor emocional. Antes de etiquetarla como nerviosa hay que descartar las otras causas, empezando por Helicobacter pylori.
Porque el omeprazol baja el ácido, pero no corrige la causa. Si tienes una bacteria, piedras en la vesícula, una hernia de hiato o un intestino irritable, el malestar regresa cada vez que sueltas la pastilla.
Si llevas meses tomando omeprazol y sigues igual, ese es justamente el momento de estudiar el caso en lugar de subir la dosis. Escribí un artículo sobre los efectos adversos de tomar omeprazol por años.
Colitis nerviosa es el nombre común que usamos en México para el colon que se irrita y se dispara con el estrés.
Suele doler en el vientre bajo, con frecuencia del lado izquierdo, en forma de cólico que va y viene, acompañado de inflamación, gases y cambios al ir al baño (temporadas de estreñimiento, de diarrea o alternando). Muchas veces corresponde al síndrome de intestino irritable.
No hay un medicamento ideal para la colitis nerviosa. Existen varios que atacan síntomas distintos, y por eso es importante valorar cada caso: no es lo mismo cuando predomina el cólico que cuando predomina el estreñimiento o la diarrea.
Con qué se quita la colitis nerviosa no depende de dar con la pastilla correcta, sino de confirmar primero el diagnóstico y de trabajar los alimentos que te disparan los síntomas y el componente de estrés. Desconfía de quien te prometa que una sola pastilla la quita.
Se controla, y muy bien. Con diagnóstico confirmado, ajustes de alimentación, manejo del estrés y medicamento cuando hace falta, la gran mayoría de los pacientes hace vida normal.
Lo que no existe es la cura instantánea de una sola pastilla: es un padecimiento que se maneja a lo largo del tiempo, con temporadas buenas y otras que requieren ajustar el plan.
En México le decimos colitis a casi cualquier inflamación o cólico abdominal. El colon irritable (síndrome de intestino irritable) es un diagnóstico específico: dolor o cólico que se relaciona con cambios al ir al baño, con temporadas de estreñimiento o de diarrea. Mucha colitis nerviosa es en realidad colon irritable. Distinguirlos importa porque el tratamiento cambia.
No hay una dieta única para todos: cada intestino tiene sus propios disparadores.
Lo habitual es empezar identificando los alimentos que te inflaman, con un diario de síntomas, y en casos seleccionados usar por temporadas una dieta baja en FODMAP (ciertos azúcares fermentables que producen gas e inflamación), idealmente guiada por un profesional. Los irritantes clásicos son el exceso de café, el alcohol, la grasa y las comidas muy condimentadas.
Las causas más frecuentes son gases por la forma de comer (rápido, con refresco, con popote), intolerancias alimentarias como la lactosa, colon irritable y gastritis.
Es de los síntomas más comunes en consulta y casi siempre tiene solución. La señal para no dejarlo pasar: cuando la inflamación viene con dolor que te despierta de noche, pérdida de peso o cambios marcados al ir al baño.
Es una bacteria que vive en el estómago y es la causa más frecuente de gastritis y úlceras. Es muy común (en México más de la mitad de los adultos la ha tenido) y sí se contagia, generalmente por alimentos o agua contaminados.
Se detecta con prueba de aliento, estudio de heces o biopsia durante una endoscopia, y cuando se confirma sí tiene tratamiento, que se define en consulta según tu caso. Tratarla cuando causa síntomas importa porque a largo plazo aumenta el riesgo de úlcera y de cáncer gástrico.
Hay señales que ameritan valoración pronta en lugar de autotratarse: pérdida de peso sin explicación, sangrado al evacuar o vómito con sangre, anemia, dificultad para tragar, dolor que te despierta por la noche, o síntomas nuevos y persistentes después de los 45 años.
También el dolor en la boca del estómago que se corre hacia la espalda después de comer grasoso, porque puede ser de piedras en la vesícula y no gastritis.
La sensación de estómago inflamado, hinchado o distendido después de comer es de los motivos de consulta más frecuentes, y casi nunca tiene una sola causa. Puede venir del gas que se produce al digerir ciertos alimentos, del colon irritable, de la gastritis o de un problema de la vesícula.
Si la inflamación aparece siempre después de comer, si viene con dolor que no cede, o si bajaste de peso sin buscarlo, hay que estudiarla y no solo tomar algo para desinflamar.
Sí. Se transmite de persona a persona, y también por agua o alimentos contaminados. En México es una infección muy común. Cuando alguien sale positivo y tiene síntomas, es razonable valorar también a quienes viven en la misma casa.
Se detecta con prueba de aliento, en heces o por endoscopia, y cuando se erradica bien, muchos casos de gastritis que llevaban años sin resolverse por fin ceden.
No. Es un mito común. El hígado es el órgano que produce la bilis, aproximadamente entre 800 ml y 1 litro diarios. La vesícula solo la almacena durante los periodos de ayuno para que, cuando comemos, sobre todo grasas y proteína, se contraiga y la bilis salga al intestino a ayudar a digerir.
Cuando la bilis es más espesa de lo normal y tiene más colesterol, la vesícula forma piedras. Primero se forma lodo y después ese lodo, que usualmente es de colesterol, se precipita y se forman las piedras. Los factores de riesgo más comunes son obesidad, sexo femenino, edad en etapa fértil y genética.
No de forma efectiva. Actualmente no existe un tratamiento médico que destruya las piedras una vez formadas. Antes de que se formen, se pueden hacer cambios en hábitos o factores de riesgo, pero una vez que están ahí, la única opción definitiva es quitar la vesícula.
Porque no funciona: se vuelven a formar. Desde hace mucho sabemos que el problema está en parte en la bilis y en parte en la vesícula. Una vesícula que forma piedras es una vesícula que ya no funciona bien.
Generalmente las piedras dan síntomas cuando una se atora en el conducto cístico, que comunica la vesícula con el intestino. Si se desatora y se regresa a la vesícula, le llamamos cólico biliar. Si se atora y ya no se regresa, se vuelve una urgencia y se conoce como colecistitis aguda.
La recuperación suele ser tranquila. Los primeros días estás en casa con poco movimiento, aunque caminando un poco. Usualmente los pacientes regresan a sus actividades normales a los 7 o 10 días, excepto ejercicio o cargar objetos pesados, que se retoman pasando un mes después de la cirugía.
Durante los primeros dos meses es importante una dieta baja en grasas, tanto animales como vegetales. Al inicio el cuerpo no se ha adaptado a no tener vesícula, y la comida grasosa, desde huevo hasta barbacoa, puede provocar diarrea.
Después de 2 a 3 meses, el colédoco se dilata y el cuerpo se adapta; eventualmente podrás comer de todo, pero lo ideal es consumir grasas en cantidades moderadas.
Sí, con una vida normal. La vesícula almacena la bilis, pero el hígado la sigue produciendo igual y esa bilis pasa directo al intestino. La mayoría de las personas vuelve a comer de todo después de la recuperación.
Algunas notan en las primeras semanas que las comidas muy grasosas les caen pesado o les aflojan el intestino, y eso suele ir cediendo conforme el cuerpo se ajusta.
Puede serlo. El cólico por piedras en la vesícula se siente típicamente en la boca del estómago o del lado derecho, debajo de las costillas, y con frecuencia se corre hacia la espalda o hacia el omóplato derecho.
Suele aparecer después de comer, sobre todo comidas grasosas, y dura de minutos a algunas horas. Ese mismo dolor se confunde seguido con gastritis, y por eso hay pacientes que llevan meses tomando omeprazol sin mejorar.
Es una enfermedad en la que el ácido del estómago, los líquidos o la comida se regresan del estómago hacia el esófago. Pasa cuando el esfínter esofágico inferior (la válvula natural entre el esófago y el estómago) se abre cuando no debería. En México, entre el 20% y el 40% de los adultos sufren de algún grado de reflujo.
Los más comunes son ardor o dolor en el pecho, regurgitación (sentir que la comida o el ácido se te regresan a la boca), mal aliento, sensación de plenitud o pesadez después de comer, eructos frecuentes, y a veces tos crónica o ronquera por la noche.
Hay varios factores de riesgo: obesidad, fumar, comer porciones grandes, alimentos muy grasosos o condimentados, cafeína y nicotina (que abren mecánicamente el esfínter), y acostarse inmediatamente después de comer. En muchas personas se combinan varios factores.
Más allá de las molestias, el reflujo crónico puede cambiar el epitelio del esófago y aumentar el riesgo de cáncer. Sin displasia, el riesgo de progresión a cáncer es de 0.16% a 0.3% por año. Si en biopsias hay displasia de alto grado, el riesgo sube a entre 6% y 19% por año. Por eso vale la pena evaluarlo.
Es una condición donde el epitelio del esófago cambia y se parece más al del intestino, como respuesta al reflujo crónico. Quienes lo tienen requieren vigilancia con endoscopias periódicas para detectar cualquier cambio temprano.
Se llama funduplicatura. Tomamos el fondo del estómago y creamos una especie de dona que rodea el esfínter esofágico inferior, justo en la unión entre el esófago y el estómago. Esa dona aprieta esa zona cuando comes y evita que el contenido se regrese al esófago.
Antes de operar siempre pedimos endoscopia, manometría y pH-metría. Estos estudios evalúan el estado del esófago, del esfínter y la cantidad real de reflujo, y nos permiten verificar que seas un buen candidato a cirugía.
Por laparoscopía. Hacemos pequeñas incisiones en el abdomen (de 5 milímetros o 1 centímetro), metemos los trócares y a través de ellos pasamos la cámara y los instrumentos. La cirugía dura aproximadamente 60 a 90 minutos bajo anestesia general.
Si te cuidas (buena alimentación, ejercicio, mantener tu peso), la cirugía puede tener una vida útil de 20 a 30 años. Si la persona sube mucho de peso o descuida los hábitos, la dona se puede aflojar.
Las estadísticas señalan que a 10 años cerca del 40% de los pacientes podrían llegar a necesitar antiácidos ocasionales nuevamente. Por eso, mantener los hábitos es clave para conservar el resultado.
La gran mayoría de los pacientes que son buenos candidatos puede suspender los antirreflujos después de la cirugía. La idea precisamente es resolver el problema mecánicamente para que ya no necesites medicamentos crónicos. Escribí un artículo sobre los efectos adversos de tomar omeprazol por años.
Es una decisión muy válida. Toda cirugía tiene riesgos inherentes (anestesia, infecciones, etcétera) y muchas personas prefieren mantenerse con buenos hábitos y medicamentos. Mi trabajo es darte la información honesta para que tomes la decisión que mejor se adapte a tu vida.
El hiato es el orificio del diafragma por donde el esófago pasa del tórax al abdomen. Cuando ese orificio se agranda, una parte del estómago sube al tórax, y a eso le llamamos hernia de hiato o hernia hiatal.
Al subir, la válvula que impide que el ácido regrese deja de trabajar bien, y ahí aparece el reflujo. El orificio se va agrandando con los años, con el sobrepeso, con el esfuerzo repetido y con la tos crónica. No toda hernia de hiato necesita operarse: se opera cuando el reflujo no se controla o cuando la hernia es grande.
En general, las personas que desarrollan hernias suelen tener tejidos más débiles, ya sea por factores genéticos, tabaquismo, envejecimiento, cirugías previas o factores mecánicos como toser mucho o cargar peso frecuentemente. Sin embargo, en muchos casos no existe una causa única que explique por qué se formó la hernia.
En la cirugía abierta se hace una incisión de 5-7 cm en la región inguinal para reparar el defecto y colocar una malla. Por laparoscopía se hacen 3 incisiones pequeñas y se trabaja con cámara e instrumentos especiales.
Ambas tienen excelentes resultados; la laparoscopía suele tener una recuperación un poco más rápida y es especialmente útil en pacientes con obesidad o con hernias de ambos lados.
Sí. Las mallas de polipropileno se usan de forma rutinaria a nivel mundial. Se integran progresivamente a los tejidos del cuerpo y refuerzan de forma importante la pared abdominal, disminuyendo la probabilidad de que la hernia regrese.
La hernia no se resuelve sola y tiende a crecer con el tiempo. El riesgo principal es que se complique: una hernia encarcelada o estrangulada se convierte en una urgencia quirúrgica donde aumentan los riesgos y los costos. Por eso se recomienda no postergar la valoración.
Sí, y pasa seguido. En la ingle hay ganglios que se inflaman cuando el cuerpo está peleando una infección, muchas veces una lesión en la pierna o en el pie que ya ni recuerdas.
Se sienten como bolitas firmes, a veces varias juntas, y no cambian de tamaño al toser o al acostarte. La hernia, en cambio, suele salir al estar de pie o al hacer esfuerzo y meterse al acostarte. Esa diferencia se aclara en la exploración, no en el ultrasonido.
Porque no todo dolor en la ingle viene de una hernia. Las causas que más veo son musculares y de los tendones que se insertan en esa zona, sobre todo en quienes entrenan o cargan peso.
También puede venir de la cadera, de ganglios inflamados o de un dolor que se refleja desde la columna. Me llegan pacientes con un ultrasonido que reporta hernia inguinal y al explorarlos no hay hernia palpable. En esos casos busco la causa real, y muchas veces el problema se resuelve sin cirugía.
Las hernias inguinales son bastante más frecuentes en hombres, pero las mujeres también las tienen, y a veces cuestan más de detectar porque el abultamiento es más pequeño.
En mujeres hay además causas propias de dolor en esa zona, ginecológicas o de la cadera, que conviene considerar antes de dar por hecho que se trata de una hernia. Que la molestia esté en la ingle derecha o en la izquierda no cambia el estudio: se exploran las dos.
Puede serlo. Una hernia inguinal a veces da molestia que se extiende hacia la parte alta del muslo, y hay quien lo describe como un calambre o un ardor.
Pero el dolor que baja por la pierna también aparece cuando el origen está en la columna o en la cadera, y en esos casos operar una hernia no resuelve nada. Por eso vale la pena revisar bien antes de decidir cirugía.
Todos tenemos un orificio en la zona del ombligo por donde pasaba el cordón umbilical cuando éramos bebés. En algunas personas este anillo umbilical no se cierra por completo al nacer, y con el tiempo factores como embarazo, obesidad, tos crónica o esfuerzos repetidos aumentan la presión del abdomen y hacen que ese pequeño orificio se separe cada vez más.
En adultos, no. A diferencia de los bebés (en quienes algunas hernias cierran espontáneamente), en adultos el defecto no se repara solo. De hecho, las hernias tienden a crecer con el tiempo.
Cuando las hernias se ven pequeñas, usualmente protruye grasa del interior del abdomen. Cuando son hernias más grandes, puede protruir un pedazo de intestino. En una tomografía se puede ver con claridad el orificio y qué está protruyendo.
Si la grasita que se está saliendo se atora, a eso le llamamos que está encarcelada. Si además deja de llegarle sangre, hablamos de estrangulamiento. Afortunadamente es muy poco frecuente: menos del 5% de los pacientes necesitan una cirugía de urgencia por esto. Pero sí pasa, y por eso se recomienda la cirugía electiva antes de que ocurra.
Las mallas son elementos de polipropileno. Son como un mosquitero, pero de un plástico médico especial. Se integran a los músculos: tu propio cuerpo forma tejido a través de esos poros, lo que hace que esa zona se vuelva muy fuerte y evita que la hernia vuelva a salir.
La hernia seguirá creciendo. El riesgo principal es que en algún momento se atore o se estrangule, lo que convierte una cirugía programada y sencilla en una urgencia con mayores riesgos. Siempre que hago una cirugía de urgencia pienso: esto se debió de haber evitado con una cirugía programada electiva.
La causa más común de pancreatitis aguda son las piedras de la vesícula. Una piedra puede salir de la vesícula, avanzar por la vía biliar y tapar la salida del conducto pancreático; el páncreas se inflama y se produce lo que llamamos pancreatitis biliar.
Esta es una de las principales razones por las que se recomienda operar la vesícula de forma electiva cuando ya se formaron piedras.
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Escribir por WhatsAppRevisado por el Dr. Edgar Abraham Núñez García, cirujano general con certificación vigente del Consejo Mexicano de Cirugía General. Cédula profesional 6944303, cédula de especialidad 09181211.
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