Cuándo un dolor abdominal deja de ser un malestar y se convierte en una urgencia quirúrgica. Estas son las señales que no conviene dejar pasar.
Abdomen agudo no es una enfermedad, es una forma de presentarse. Es el nombre que damos a un dolor abdominal intenso y de aparición reciente que obliga a decidir con rapidez si hay que operar. Detrás puede haber causas muy distintas, y el término describe la urgencia, no el diagnóstico.
La peritonitis sí es un diagnóstico. El peritoneo es la membrana delgada que recubre por dentro el abdomen y envuelve los órganos. La peritonitis es su inflamación, y casi siempre ocurre porque algo que debía estar contenido dentro de un órgano salió hacia la cavidad: contenido intestinal, bilis, jugo gástrico o pus. El cuerpo reacciona poniendo el abdomen rígido, lo que se conoce como abdomen en tabla.
Un dolor que va y viene, que cambia de lugar y que termina cediendo, rara vez es una urgencia quirúrgica. Lo que enciende la alarma es un dolor que lleva horas, que no cede con nada, que va aumentando de forma sostenida y que empeora al moverse, al toser o al caminar. Ese patrón es el que hay que tomar en serio.
Abdomen duro o que duele mucho al tocarlo, fiebre, vómito que no para, dejar de evacuar y de expulsar gases, sangre en el vómito o en las evacuaciones, piel u ojos amarillos, o sentirse muy mal en general con presión baja y mucho sudor. Cualquiera de estas señales, acompañando al dolor, es motivo de ir a urgencias en ese momento.
Apendicitis, vesícula complicada, obstrucción intestinal, perforación de una úlcera, diverticulitis y hernias atoradas. En mujeres hay que considerar además las causas ginecológicas, como un quiste de ovario torcido o un embarazo fuera del útero. Cada una se maneja distinto, y por eso lo primero no es operar: es diagnosticar bien.
Una parte importante de los casos se resuelve sin cirugía, con manejo médico y vigilancia estrecha. Hay cuadros en los que observar unas horas es exactamente lo correcto, porque la evolución aclara el diagnóstico mejor que cualquier estudio aislado. Y hay cuadros en los que esperar es peligroso.
Distinguir uno del otro es el trabajo del cirujano, y se hace con exploración física repetida, laboratorios y estudios de imagen. Mi maestro lo decía así: el mejor cirujano sabe cuándo no operar.
La cirugía de urgencia es más riesgosa que la programada, y la diferencia es real. En una cirugía programada se llega con estudios completos, en ayuno, con las condiciones optimizadas y con todo planeado. En una urgencia se opera con lo que hay y con un cuerpo que ya lleva horas inflamado. Por eso una hernia o una vesícula con piedras que se dejan pasar terminan, con frecuencia, operándose en el peor escenario posible.
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Esta página la escribí y la reviso yo. El abdomen agudo es el terreno donde más se nota la diferencia entre operar y decidir. La pregunta que más escucho no es cómo será la cirugía, sino si de verdad hace falta. Responderla bien es la parte más importante del trabajo.
Las dudas que más escucho
No es una enfermedad, es una forma de presentarse. Abdomen agudo es el nombre que damos a un dolor abdominal intenso, de aparición reciente, que obliga a decidir con rapidez si hay que operar o no. Detrás puede haber muchas causas distintas: apendicitis, vesícula complicada, una perforación del estómago o del intestino, una obstrucción intestinal, una hernia atorada o un problema ginecológico. El término describe la urgencia, no el diagnóstico.
El peritoneo es la membrana delgada que recubre por dentro el abdomen y envuelve los órganos. La peritonitis es su inflamación, y casi siempre ocurre porque algo que debía estar dentro de un órgano salió hacia la cavidad: contenido intestinal, bilis, jugo gástrico o pus. Es una urgencia real. El cuerpo reacciona poniendo el abdomen rígido, y de ahí la expresión de abdomen en tabla.
Un dolor que va y viene y luego se quita rara vez es una urgencia quirúrgica. Lo que enciende la alarma es un dolor que lleva horas, que no cede con nada, que va aumentando y que empeora al moverse, al toser o al caminar. Si además el abdomen se pone duro, hay fiebre, vómito que no para, o dejaste de evacuar y de expulsar gases, no lo dejes pasar: acude a urgencias. Ninguna de esas señales mejora sola.
Las más comunes son la apendicitis, la vesícula complicada, la obstrucción intestinal, la perforación de una úlcera, la diverticulitis y las hernias atoradas. En mujeres hay que considerar además las causas ginecológicas, como un quiste de ovario que se torció o un embarazo fuera del útero. Cada una se maneja distinto, y por eso lo primero no es operar, es diagnosticar bien.
No. Una parte importante se resuelve sin cirugía, con manejo médico y vigilancia estrecha en el hospital. Hay casos en los que observar unas horas es lo correcto, porque la evolución aclara el diagnóstico. Y hay casos en los que esperar es peligroso. Distinguir uno del otro es exactamente el trabajo del cirujano, y se hace con exploración física repetida, laboratorios y estudios de imagen.
Porque operar sin saber qué se busca es un mal plan. Los laboratorios y los estudios de imagen, junto con la exploración física, permiten saber qué órgano está afectado y qué tipo de cirugía se necesita. La excepción son los cuadros en que el paciente está inestable o el abdomen ya está en tabla: ahí el tiempo pesa más que el estudio y se va a quirófano.
Automedicarse con analgésicos fuertes puede enmascarar el cuadro y retrasar el diagnóstico, que en una urgencia abdominal es justo lo que no conviene. Tampoco es buena idea tomar laxantes ni aplicar calor si no se sabe qué está pasando. Si el dolor es intenso y no cede, lo que ayuda no es calmarlo en casa, es que alguien lo valore.
Sí, y es una diferencia importante. En una cirugía programada se llega con estudios completos, en ayuno, con las condiciones optimizadas y con todo planeado. En una urgencia se opera con lo que hay y con un cuerpo que ya lleva horas inflamado. Ese es el argumento de fondo para no posponer las cirugías electivas: una hernia o una vesícula que se dejan pasar pueden terminar operándose de urgencia.
Estas son algunas de las causas más frecuentes detrás de un abdomen agudo. Si tu caso no aparece, escríbeme y te oriento.
Si tienes una hernia o piedras en la vesícula que llevas tiempo posponiendo, resolverlas de forma programada es lo que evita terminar en quirófano de madrugada. Escríbeme y revisamos tu caso con calma.
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